• El rapidín o la liebre.
Lee todo el boletín tan rápido, que no asimila nada.
• El calmadín, la tortuga o
el buceador. Se detiene mucho en cada artículo y
lo asimila bien, pero nunca termina de leer todo el boletín.
• El hojeador o el ojeador.
Solo hojea el boletín, pasando las hojas velozmente. O visto
de otra manera, solo ojea, es decir, solo le echa un ojito, pues
solo ve los dibujos y los títulares grandes.
• El alrrevesado. Lo lee
de atrás hacia delante, y entiende las cosas alrevés.
• El selectivo. Ve el índice
y selecciona los 2 o 3 artículos que más le interesan
y los lee.
• El cómico. Sólo
lee los artículos que tienen algo cómico, pues es
repelente a lo serio.
• El seriales o el austero.
Se enoja cuando ve algo cómico y comenta: “que falta
de seriedad”. Es repelente al buen humor.
• El comunicador. Lo va leyendo
y va comentando todo al que se encuentra cerca, sea conocido o desconocido.
• El de segunda o el repetidor.
Lee el boletín de principio a fin, señalando los artículos
que más le interesan y luego les da una segunda leída
a ésos.
• El coleccionista egoísta.
No lee los boletines pero los colecciona todos y no se los presta
a nadie.
• El regalador. No lee el
boletín pero pide muchos y se los regala a todo mundo.
• El propagandista sabio.
Después de leerlo personalmente se lo recomienda a muchas
personas.
• El propagandista ignorante.
No lo lee pero se lo recomienda a muchas personas.
• La “venadita” o el casimiro.
Como ve muy poquito, necesita una lupa, pero no la encuentra porque
no la ve, y por lo tanto no puede leer el boletín, pero lo
acaricia con cariño como leyendo con las manos.
• El voceador. Lo lee en
voz alta para que todos se enteren, y se ríe solo.
• El sentimental. Comienza
a leerlo, comienza a emocionarse, comienza a llorar y comienza a
detenerse, sin avanzar nada.
• El crítico constructivo.
Analiza y distingue aciertos y errores, o valores y limitaciones,
y envía a la redacción sus sugerencias para mejorar
el boletín.
• El crítico destructivo, el
perales o el contreras. A todo le pone “peros”
o a todo la “contra”: opina que el boletín es
muy largo o muy corto, muy aburrido o muy superficial, muy serio
o muy payaso, muy pesimista o muy ingenio, muy exigente o muy light.
• El condicional o el pretextos.
Solo lee si hay absoluto silencio, si la digestión le hizo
bien, si está de buen humor, si hay buena luz y si no está
nublado el cielo. Como casi nunca se dan todas estas condiciones
juntas, nunca lo lee.
• El olvidadizo. Llega el
boletín, que lo considera como un tesoro, y lo guarda tan
bien que luego no lo encuentra para leerlo. O lo presta y se le
olvida a quién se lo prestó.
• El disperso o tipo licuadora.
Está leyendo 4 libros, 3 revistas y el boletín, al
mismo tiempo. A cada uno le avanza 1 o 2 paginitas, y cambia a otro.
Al final mezcla el contenido de todo.
• El lector de buenos principios.
Comienza a leer el boletín, y lo deja. Unos días después
lo toma de nuevo, pero como ya olvidó donde iba, vuelve a
comenzar desde el principio, y así sucesivamente.
• El bañista. Donde
mejor y más a gusto lee, es ahí (en casos de intestino
perezoso tarda mucho en leerlo todo).
• El discutidor. Lo lee y
no descansa mientras no encuentra con quien discutir acerca de lo
que leyó.
• El discernidor. Sigue el
consejo de San Pablo (1 Tes. 5, 21): “Examínenlo todo
y quédense con lo bueno.
• El escriba. Como el escriba
del Evangelio que sabe sacar cosas nuevas y viejas, así aprovecha
boletines recientes o antiguos para diversas ocasiones, como pláticas,
retiros, reuniones…
• El investigador. Los temas
que más le interesan los profundiza con otras lecturas o
dialogando con personas preparadas.
• El paseador. Pasea el boletín
por todas partes, pues siempre lo lleva consigo como buena compañía,
pero nunca lo lee.
• El horizontal. Ni de pie,
ni de rodillas, ni sentado, sólo horizontalmente se acomoda
para leer, pero antes de terminar la primera página se queda
dormido.
• El musicólogo o musicóloco.
Sólo con música, movida y a buen volumen, puede leer,
aunque puede ser que otros no puedan leer con música.
• El sin lentes. El que cuando
se decide a leer el boletín no lo hace porque no sabe donde
dejó sus lentes, y los brazos no le alcanzan ya.